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CONGREGACIÓN
DE LAS HERMANAS DE JESÚS MISERICORDIOSO

(El DIARIO de Santa sor Faustina) Vilna, Lituania “29. VI. 1935.
Cuando hablaba con el director (padre M. Sopocko) de mi alma sobre diferentes cuestiones que el Señor exigía de mí, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar. No obstante oí las palabras de que en la mayoría de los casos Dios escogía justamente a tales almas para realizar sus proyectos. Pero este sacerdote era guiado por el Espíritu de Dios, penetró el secreto de mi alma y los más escondidos secretos que había entre mí y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo misma no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que lo dijera. El secreto era éste que Dios exigía que hubiera una Congregación que proclamara la Divina Misericordia y la implorase para el mundo.
Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido tales inspiraciones, contesté
que no había tenido ordenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él; me defendía inútilmente diciendo que no tenía una orden precisa, ya que al final de la conversación vi al Señor Jesús
en el umbral, con el mismo aspecto como está pintado en la imagen, que me dijo:

Deseo que haya tal Congregación.

(...) Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi al Señor Jesús de una belleza inexpre
sable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible,
y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta a todo el mundo. A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo.

Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión, Jesús desapareció y vi un gran resplandor. Luego oí estas palabras: Te impartimos nuestra bendición, y en aquel momento de ese resplandor salió un rayo claro y traspasó mi corazón, un extraño fuego se incendió en mi alma, pensaba que moriría de gozo y de felicidad; sentí la separación del espíritu con respecto al cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos” (Diario, 436-439).

“O Jesús mío, cuánto me alegro de que me hayas asegurado que esta Congregación surgirá (...) y veo la gran gloria que dará a Dios; será un reflejo del mayor atributo que tiene Dios, es decir, la Divina Misericordia. Impetrarán incesantemente la Divina Misericordia para ellos y para el mundo entero (...) será en la Iglesia de Dios como una colmena en un magnífico jardín, escondida, silenciosa” (Diario, 664).

“Espero con gran ansia y añoro este momento en que habitaré sacramentalmente
en tu convento. Mi espíritu descansará en aquel convento, bendeciré especialmente
las inmediaciones donde estará el convento” (Diario, 570).

“Penetra en el espíritu de Mi pobreza y organiza todo de tal modo que los más pobres no tengan nada que envidiarte. No en los grandes palacios ni en las espléndidas instalaciones, sino en el corazón puro y humilde Me complazco” (Diario, 532).

“Hoy, el Señor me ha dado a conocer en espíritu el convento de la Divina Misericordia; he visto en él un profundo espíritu, pero todo pobre y muy modesto. Oh Jesús mío,
me haces tratar espiritualmente con aquellas almas y quizás nunca ponga allí mi pie, pero sea bendito Tu nombre y se haga lo que Tú has establecido” (Diario, 892).




“...vi una pequeña capilla y dentro de ella seis hermanas que estaban recibiendo
la Santa Comunión, administrada por nuestro confesor vestido con un sobrepelliz
y una estola. En aquella capilla no había ni adornos ni reclinatorios; después de
la Santa Comunión vi al Señor Jesús como aparece en la imagen. Jesús estaba caminando y yo llamé:
Señor, ¿cómo puedes pasar y no decirme nada? Yo no haré
nada sin Ti, tienes que quedarte conmigo y bendecirme a mí y a esta Comunidad
y a mi patria. Jesús hizo la señal de la cruz y dijo:
No tengas miedo de nada,
Yo estoy siempre contigo” (Diario, 613).

En las últimas semanas antes de la muerte de la sor Faustina, el padre Miguel Sopocko
se encontró con ella dos veces en Cracovia. Durante esos encuentros recibió las últimas indicaciones, testamento que cumplió después de su muerte.

“La visité entre semana y entre otras cosas, hablé con ella sobre esa congregación, la que ella había querido fundar, pero ahora se moría,  señalando que eso había sido una ilusión, y, quizás, también lo habían sido todas las otras cosas de las que había hablado. La sor Faustina prometió hablar sobre esto con el Señor Jesús durante la oración. Al día siguiente dije misa por la sor Faustina, durante la cual me vino un pensamiento que tal como ella no había podido pintar esa imagen, y sólo había dado indicaciones, tampoco iba a poder fundar una nueva congregación, y sólo iba a dar unas indicaciones generales. El apremio significaba la necesidad de esa congregación en los horrendos tiempos que se aproximaban. Más tarde, cuando vine al hospital y le pregunté, si tenía algo que decirme acerca del asunto, me dijo que no, porque
el Señor ya me había iluminado durante la misa.

Al marcharme y despedirme me dijo tres cosas importantes:
I. No puedo dejar de difundir el culto a la misericordia Divina, particularmente que
se instituya una fiesta el primer domingo tras la Pascua. Nunca puedo decir que ya he hecho bastante. Aunque se amontonen las mayores dificultades, aunque parezca que el Mismo Dios no lo quiere, no se puede parar.
El abismo de la misericordia Divina es inagotable y no basta con nuestra vida para elogiarla. El mundo no durará ya mucho y Dios quiere todavía antes de su fin conceder gracias a la gente para que nadie pueda excusarse en el juicio final que no sabía de la bondad de Dios y no ha oído de Su misericordia.
II. Estar más bien indiferente en cuanto al asunto de la congregación que va a empezar con cosas débiles y pequeñas, cuando la iniciativa saldrá de los otros.(...) Dios mismo traerá a una persona del mundo que tendrá unas señales para conocer que es ella.
III. Tener limpias intenciones en todo este asunto y actividad. No buscarme a mí mismo sino a la gloria de Dios y la salvación de los prójimos. (…) Si se creara la congregación más bien dejarse ser gobernado por los otros que dirigir por mi cuenta, estar dispuesto para las mayores dificultades, el abandono, decepciones, ingratitud y persecución (…) Cuando, al cabo de un rato volví a la celda para darle todavía unas imágenes, la encontré en un arrobamiento, como una figura sobrenatural. Sentí un dolor enorme en el alma y amargura que iba a despedirme de esa extraordinaria criatura y que actualmente estoy tan abandonado por todo el mundo. Pero entendí que soy yo quien sobre todo tiene que confiar en la misericordia de Dios” ( Diario del p. Sopocko).

El padre Miguel Sopocko obedeció las palabras de la sor Faustina en su lecho de muerte.
Esperaba pacientemente una señal de la Voluntad de Dios.

En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. En ese cruel tiempo el p. Sopocko hacía todo
lo posible para decirle a la gente sobre la misericordia Divina. En su casa tuvieron lugar los encuentros de la Asociación de la Inteligencia Católica y la Sociedad Mariana de Académicas.
En los encuentros se señalaba una licenciada en filología  clásica por la Universidad de Stefan Batory de Vilna, Jadwiga Osinska. Un día Osinska le confesó al p. Sopocko que pensaba dedicarse exclusivamente al servicio de Dios, pero no podía encontrar una congregación adecuada para ella. Pidió por una oración y ayuda, añadiendo que tenía unas amigas
que pensaban de manera parecida.

En Julio de 1940 el p. Sopocko le propuso a Osinska las vacaciones con las hermanas
que no llevan hábito, las Hermanas Angelicales en Pryciunie (Polonia), para que conociera
de más cerca la regla de la vida conventual. Después de las vacaciones Jadwiga Osinska declaró que había decidido “sacrificarse al servicio del Misericordísimo Salvador y fundar una nueva congregación o una cosa parecida para adorar a Dios en su infinita misericordia” y que deseaba hacer votos privados. Por la memoria y la fascinación de la sor Faustina, recibió un nuevo nombre monástico Faustina – se hizo la primera faustina.

En noviembre de 1941 del grupo dirigido por el p. Sopocko, surgió otra candidata- Izabela Naborowska (la sor Benigna). Luego, el 26 de enero de 1942, se unieron con ellas las siguientes miembros: Ludmila Roszko, Zofia Komorowska, Adela Alibekow i Jadwiga Malkiewiczowna.
Así se formó “el primer seis”. El padre Sopocko dio a todas nombres conventuales. Escribió
para ellas un reglamento general y fijó una conferencia sobre la vida espiritual cada semana.
Las hermanas pensaban empezar la vida comunitaria después de la guerra.

El 3 de febrero de 1942 en el piso del p. Sopocko tuvo lugar el primer encuentro de las seis candidatas de la surgida congregación. Hubo varias reuniones similares. Por desgracia, el 3 de marzo de 1943 los Alemanes hicieron una redada y arrestaron a casi todos los curas. El padre Miguel Sopocko, buscado por el gestapo por haber ayudado a los judíos, escapó de Vilna.
Logró llegar al convento de las ursulinas en Czarny Bor, a cuatro kilómetros de Vilna, donde
pasó dos años y medio, trabajando como carpintero. Permaneció en contacto por carta con
las seis hermanas. De cuando en cuando, separadamente, le visitaba una de ellas, más a menudo la sor Faustina Osinska.

En aquel tiempo, las hermanas estuvieron todas las semanas en una determinada conferencia
con el prelado Zebrowski a quien el p. Sopocko había pedido un cuidado espiritual de ellas.
El 11 de abril de 1942, la víspera de la Fiesta de la Misericordia Divina, las seis candidatas hicieron temporales votos monásticos. Las hermanas recibieron el nombre de las Siervas de Dios Misericordioso y, aunque seguían con sus familias, desde entonces su vida tenía carácter conventual. Para el p. Sopocko eso era una esperada señal de la Providencia.

“Os felicito, queridas hermanas una gracia de la misericordia Divina más particular, que se dejó ver en Vuestra vocación,  Elegidas del Corazón de Jesús, pilares del futuro convento, confidentes de los Misterios Divinos, deseadas, por las que cada día, desde hace 5 años, rezaba en cada Santa Misa” (un fragmento de una carta de Czarny Bor).

En esta casa las seis candidatas hicieron los temporales votos monásticos.
Vilna - Karmel (Lituania), ul. Poplawska 29.

El padre Sopocko volvió a Vilna el 19 de agosto de 1944. En noviembre Faustina Osinska
con sus compañeras le pidieron que recibiera votos de ellas. Con relación a eso, el 9 de noviembre de 1944 empezó con el primer seis las recolecciones espirituales que fueron
una directa preparación para la ceremonia de la renovación de los votos planeados para
el 16 de noviembre.

“Después de las recolecciones, el día señalado, una mañana temprana, oscura,
ya que todavía obligaba el toque de queda, de diferentes partes de la cuidad a los suburbios Zarzecze, a la capilla de las carmelitas, vienen las 6 señoritas. Allí, en un ambiente de catacumbas, tras oír la misa, a las cinco de la mañana, hacen sus sencillos votos privados del servicio fiel al Misericordísimo Salvador y a su Madre de Misericordia. No hay palabras para expresar ese ambiente de felicidad que se notaba entre esas desposadas de Cristo. Durante la modesta comida preparada en la puerta conventual por las hospitalarias carmelitanas. Qué felices estuvieron a pesar de muchos problemas, que ricas, a pesar de la miseria que se dejaba ver en todas partes, que valientes y llenas de confianza, a pesar de tantos peligros acechando a cada paso”
(M. Sopocko, Memorias).

Tras el fin de la guerra en 1945 Lituania fue incorporada a la Unión Soviética. Tuvieron lugar
los masivos desplazamientos de la gente de Vilna y sus alrededores a Polonia. A dejar Vilna
se vio obligado el arzobispo Jalbrzykowski con toda la curia y el seminario espiritual. En aquel tiempo también dejaron Polonia las tres hermanas. En vista de su partida, el 16 de noviembre
sólo el resto volvió a hacer los votos. Las hermanas Faustina y Benigna anhelaban los hábitos,
el convento, el encontrar siquiera un modestísimo lugar donde pudieran, viviendo juntas, adorar
a Dios misericordioso. Vilna de aquel tiempo no daba esperanza para eso. Para realizar sus sueños decidieron marcharse a Polonia. El 24 de agosto de 1946 visitaron, por última vez,
al p. Sopocko.

“Nuestro transporte dejó Vilna silenciosamente. Un capítulo en nuestra vida cerrado,
nos marchamos para una vida nueva, para hacer la voluntad de Ese, quién nos había escogido...” (Diario de la sor Benigna.)

El 16 de noviembre de 1946 otra vez el “seis entero” se reunió para renovar los votos,
esta vez en Poznan (Polonia). Un jesuita, el p. Siwek, dijo la Santa Misa. Las hermanas querrían realizar la idea de la misericordia Divina en la vida de diversas maneras. Unas, fundar una nueva congregación, unas, un Instituto Laico, otras, querrían estar en la congregación,
pero se sentían responsables por sus familias. Así el “primer seis” se dividió en 3 matices,
de los que había hablado Santa sor Faustina.

Las hermanas Faustina Osinska y Benigna Naborowska

Las hermanas Faustina Osinska y Benigna Naborowska decidieron dirigirse a uno de los obispos por el permiso para abrir en su diócesis una casa conventual. Un jesuita, p. Wladyslaw Wantuchowski, en el que, después de venir a Polonia, encontraron su protector espiritual,
les ayudó en esto. Wantuchowski se dirigió al administrador apostólico en Gorzow Wielkopolski (Polonia), el p. Edmund Nowicki por el permiso para establecer las hermanas en la diócesis
y asignarles un trabajo. El padre administrador se mostró favorable al ruego y les destinó
la parroquia en Mysliborz.

“Qué situación tan preciosa tiene Mysliborz (...). De la parte izquierda se arrellanó
el lago enorme, resplandeciendo con una metálica superficie en la niebla de la mañana que se levanta. (...) Qué alegría al ver la cerrada todavía portezuela de la pequeña iglesia con el letrero “Caritas”- casa con veranda, de varios pisos. Lo miramos, un sitio soñado para un convento, suspiramos silenciosamente que estaría tan bien si pudiésemos vivir aquí, (...) mucho verde, jardines, un silencioso, tranquilo rincón en la tierra,
con un convento. Dimos gracias a Dios que nos había dirigido aquí,
a este silencio y paz...” (Diario de la sor Faustina Osinska).

 

 

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