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LA VIRTUD DE LA MISERICORDIA
- EL DEBER DE HACER ACCIONES MISERICORDIOSAS

Fragmentos del libro
ADOREMOS A DIOS EN SU MISERICORDIA
Del padre Miguel Sopocko

“la virtud de la misericordia es el lazo de unión entre la gente, la madre vigilante
que a todos los que sufren salva y consuele, es una imagen de la Providencia Divina,
ya que tiene los ojos abiertos a las necesidades de todos, es sobre todo, el reflejo de
la misericordia Divina, como dijo el Salvador: “Sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso” (Lc 6, 36).

Debemos comprender que esa virtud no es nos solamente recomendada, sino que es un estricto deber de todo cristiano. Mucha gente tiene un concepto erróneo sobre la virtud de la misericordia, piensan que, cumpliendo acciones misericordiosas, hacen sólo una gracia y ofrenda que depende de la voluntad y de nuestro buen corazón.
Pero es totalmente de otro modo. La virtud de la misericordia no es sólo un consejo
al que se puede adaptar o dejarlo sin pecado; ella es una ley estricta y un deber.
De su cumplimiento nadie se puede zafar.

 Esto se deriva de la Sagrada Escritura, de la voz de la inteligencia, de la relación de nuestra hermandad. Ya en el Antiguo Testamento esa virtud les obligaba rigurosamente a todos. Leemos en los libros de Moisés: “Nunca dejará de haber pobres en la tierra;
por eso te doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de tu tierra” (Dt 15, 11).

(...) Hasta  más, el deber de la misericordia nos lo impone el Salvador. Describiendo
el juicio final pone en la boca del juez una sentencia así: “Apartaos de mí, vosotros que estáis bajo maldición; id al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles”(Mt 25, 41).

(...) Y como el único motivo menciona la falta de las acciones misericordiosas hacia los prójimos. “Pues tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed,  y no me disteis de beber; anduve como forastero, y no me disteis alojamiento. Me faltó ropa, y no me la disteis; estuve enfermo, y en la cárcel, y no me vinisteis a visitar (...) En verdad os digo, que todo lo que no hicisteis por una de estas personas, por humildes que sean, tampoco por mí lo hicisteis” (Mt 25, 42- 45). Después de las palabras de Jesús probablemente no hay que demostrar que la virtud de la misericordia es una rigurosa obligación, porque Dios justo no puede castigar por lo que no había sido dictado.

(...) Los innumerables fragmentos de la Sagrada Escritura hablan del premio terrenal por la misericordia demostrada al prójimo “A Señor presta el que da al pobre; El le dará su recompensa” (Prov. 19, 17).
(...) y cuanta mas grande bendición y gracias promete Jesús a los misericordiosos:
“Dad a otros, y Dios os dará a vosotros. (...) Dios usará con vosotros la misma medida que vosotros uséis con otros” (Lc 6, 38).

(...) El pago por la misericordia no se termina con las cosas terrenales. Cien veces más valiosos son los bienes espirituales con los que Dios recompensa esta virtud, todas ellas se cierran en una expresión: el perdón y la gracia en Dios. Es el bien mayor, el tesoro más preciado, la perla más cara, lo cual se puede encontrar  fácilmente, practicando la virtud de misericordia hacia los prójimos. Si alguien tuvo la infelicidad de aflojar la fe en sí y yerra por la vida como un ciego, que sea misericordioso y en ese camino seguro que encontrará la luz perdida. Y si alguien no ha conseguido todavía a conocer la misericordia Divina y por eso no puede imitarla, que empiece con la práctica de la misericordia hacia los prójimos y seguro que se cumplirán en él las palabras del Salvador: “Felices los que tienen compasión de otros, pues Dios tendrá compasión de ellos” (Mt 5, 7).

(...) La virtud de la misericordia nos consigue las gracias y la luz, nos limpia de pecados, dirigiéndonos al Sacramento de la Penitencia, salva el alma de la muerte, o sea de la condenación eterna, como dice la Sagrada Escritura: “pues la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas” (Tob 4, 11).
(...) Para recibir el premio eterno, las acciones misericordiosas tienen que adaptarse
a unas condiciones, es decir: hay que cumplirlas con limpia intención, de buena gana, sin cesar y sin mirar a quien las hacemos.

(...) ¡Qué honor tan grande hacer las veces de Dios en la tierra haciendo Su misericordia y sacar a los hermanos de la penuria y quitar sus carencias físicas o morales!
(...) ¡Qué felicidad para nosotros que Dios nos permite tan fácilmente expiar los pecados y merecer la recompensa eterna!”



ACTOS DE MISERICORDIA EN ESPÍRITU

El Señor Jesús me dijo: ”... Necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente” (Diario, 1316).

”... Escríbelo para muchas almas que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para practicar con ellos la misericordia. Sin embargo, el mérito mucho más grande lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio”
(Diario, 1317).

DON DE ORACIÓN

“A quienes recen este rosario, Me complazco en darles todo lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, que no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima (...)  Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen este rosario junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justio, sino como el Salvador misericordioso” (Diario, 1541)

Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece este rosario en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando delante de un agonizante otros rezan este rosario, se aplaca la ira Divina y la insondable misericordia envuelve al alma” (Diario, 811).



Uniéndonos espiritualmente con Santa Faustina queremos animar a los adoradores
de la misericordia Divina para la oración individual o para participar en

La ORACIÓN DE ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA CONTINUA -
para conseguir la misericordia para los agonizantes.

Cada persona que quiera unirse a la oración de la comunidad de Apóstoles de Jesús Misericordioso existente junto a la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso
puede ser un donador de oración. Confiamos en que cumplamos así el ruego de Jesús. Y que contribuyamos a una recepción llena de confianza de la gracia de salvación por los agonizantes. En nuestras familias y en el mundo entero.

Pueden enviar declaraciones de oración para los agonizantes a la dirección:

CONGERGACIÓN DE LAS HERMANAS DE JESÚS MISERICORDIOSO
- COMUNIDAD CONTEMPLATIVA
ul. Koscielna 7,  66- 350 Bledzew (Polonia),   tel. (0048) 95 743 60 12
e-mail: sanktuarium@jezuufamtobie.pl

Voy a rezar todos los días; desde el día......................... durante el tiempo de.......................
1 persona ............. familia............ grupo de personas.............. Congregación Conventual.............
Nombre y apellidos.....................................................................................................
Dirección.......................................................................................................................
Pueden adjuntar un sello para recibir la confirmación de la declaración.

El Rosario a la Misericordia Divina



INDULGENCIA PLENARIA
POR LA ORACIÓN DEL ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA

Acto de la Penitenciaria Apostólica del 12 de enero de 2002.
Se da la indulgencia plenaria bajo las condiciones usuales (es decir el Sacramento de la Penitencia y de la Comunión Eucarística y la oración en las intenciones del Santo Padre)
a cada fiel en el territorio de Polonia, que, con el alma totalmente libre de todo acatamiento
a un pecado, rece con devoción el rosario a la Divina Misericordia en una iglesia o capilla
ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o guardado en un tabernáculo.
Y si esos fieles por la razón de enfermedad (u otra razón justa) no puedan salir
de casa, pero recen el rosario a la Divina Misericordia con confianza y el deseo de misericordia para ellos mismos y la disposición a hacerla a los demás, también bajo las condiciones usuales, reciben la indulgencia plenaria con el mantenimiento de las reglas que “constituyen un obstáculo” incluidas en las normas 24 y 25 de la Lista de indulgencias (Enchiridii Indulgentiarum). En otras circunstancias la indulgencia será parcial. Esta disposición conservará la validez eterna, sin atención a cualquiera orden opuesta.

 

 

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