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CONGREGACIÓN
DE LAS HERMANAS DE JESÚS MISERICORDIOSO
- FAUSTINAS
fundada por el beato padre Miguel Sopocko en 1941 en Vilna (Vilnius, Lituania)
(tres años después de la muerte de sor Faustina).

El DIARIO de Santa Sor Faustina) VILNA, Lituania “29 de junio de 1935.
Cuando hablaba con el director (padre M. Sopocko ) de mi alma sobre diferentes tareas que el Señor exigía de mí, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar. No obstante oí que para realizar sus proyectos Dios escogía justamente a tales almas. Pero este sacerdote guiado por el Espíritu de Dios, penetró el secreto de mi alma y los más ocultos secretos que había entre mí y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo misma no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que se lo dijera.
El secreto es éste que Dios exige que haya una Congregación que proclame la Divina Misericordia y la implorase para el mundo. Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido inspiraciones de ese tipo, contesté que no había recibido ordenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él; me defendía inútilmente diciendo que no había una orden precisa, ya que al final de la conversación vi al Señor Jesús en el umbral, con el mismo aspecto como está pintado en la imagen, que me dijo: Deseo que haya tal Congregación.
(...) Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi al Señor Jesús de una belleza inexpresable.
Me dijo que exigía que esa Congregación fuera fundada lo antes posible, “y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu guiará vuestra vida. Vuestra vida debe seguir Mi ejemplo, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para las criaturas y Mi bondad insondable, y la harás conocer al mundo. A través de la oración intermediarás entre la tierra y el cielo.
Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión, Jesús desapareció y vi un gran resplandor. Luego oí estas palabras: “Te impartimos nuestra bendición”, y en aquel momento de ese resplandor salió un rayo claro y traspasó mi corazón, un extraño fuego se incendió en mi alma, pensaba que moriría de alegría y de felicidad; sentí mi espíritu separarse del cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos”
(Diario, 436-439).

“Oh, Jesús mío, cuánto me alegro de que me hayas asegurado que esta Congregación existirá (...) y veo la gran gloria que dará a Dios; será un reflejo del mayor atributo que tiene Dios, es decir, de la Divina Misericordia. Impetrarán incesantemente la Divina Misericordia para ellos y para el mundo entero (...) será en la Iglesia de Dios como una colmena en un magnífico jardín, escondida, silenciosa” (Diario, 664).

“Espero con gran ansia y añoro el momento en que habitaré en tu convento. Mi Espíritu descansará en aquel convento, bendeciré especialmente las inmediaciones donde estará el convento” (Diario, 570).

“Penetra en el espíritu de Mi pobreza y organiza todo de tal modo que los más pobres no tengan nada que envidiarte. No en los grandes palacios ni en las espléndidas instalaciones, sino en el corazón puro y humilde Me complazco” (Diario, 532).

“Hoy, el Señor me ha dado a conocer en espíritu el convento de la Divina Misericordia; he visto en él un profundo espíritu, pero todo pobre y muy modesto.
Oh Jesús mío, me haces tratar espiritualmente con aquellas almas y quizás nunca ponga allí mi pie, pero sea bendito Tu Nombre y se haga lo que Tú has establecido” (Diario, 892).



“...vi una pequeña capilla y dentro de ella seis hermanas que estaban recibiendo la Santa Comunión, administrada por nuestro confesor vestido con un sobrepelliz y una estola. En aquella capilla no había ni adornos ni reclinatorios; después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en la imagen. Jesús estaba caminando y yo llamé: Señor, ¿cómo puedes pasar y no decirme nada? Yo no haré nada sin Ti, tienes que quedarte conmigo y bendecirme a mí y a esta Comunidad y a mi patria. Jesús hizo la señal de la cruz y dijo: No tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo” (Diario, 613).

En las últimas semanas antes de la muerte de la sor Faustina, el padre Miguel Sopocko
se encontró con ella dos veces en Cracovia. Durante esos encuentros recibió las últimas indicaciones, el testamento que cumplió después de su muerte.

“La visité entre semana y entre otras cosas, hablé con ella de la Congregación que ella quería fundar y ahora se muere diciendo que probablemente todo fue una ilusión, igual que fueron una ilusión todas las demás cosas que ella contaba. Sor Faustina prometió hablar de esto con el Señor Jesús durante la oración. Al día siguiente dije misa en honor a Sor Faustina, durante la cual se me ocurrió que igual que ella no sabía pintar esa imagen, y sólo dio las indicaciones, tampoco sabría fundar una  congregación nueva, y sólo iba a dar unas indicaciones generales. La urgencia significaba la necesidad de fundar esa congregación en los tiempos difíciles que se aproximaban. Más tarde, cuando vine al hospital y le pregunté, si tenía algo que decirme acerca del asunto, me dijo que no, porque el Señor ya me había iluminado durante la Santa Misa.

Al marcharme y despedirme me dijo tres cosas importantes:
I. No puedo dejar de difundir el culto a la Misericordia Divina, particularmente debo empeñarme en que se instituya una fiesta el primer domingo después de la Pascua. Nunca puedo decir que ya he hecho suficiente. Aunque se amontonen las mayores dificultades, aunque parezca que el Mismo Dios no lo quiera, no debo dejar de esforzarme. Pues la Misericordia Divina es inagotable y no basta con nuestra vida para elogiarla. El mundo no durará ya mucho y Dios quiere todavía antes de su fin conceder gracias a la gente para que nadie pueda excusarse en el juicio final que no sabía de la bondad de Dios y no ha oído de Su Misericordia.
II. Estar más bien indiferente en cuanto al asunto de la congregación que va a empezar con cosas insignificantes y pequeñas, cuando la iniciativa saldrá de los otros. (...) Dios mismo traerá a una persona del mundo que tendrá unas señales que permitirán reconocer que es ella.
III. Tener intenciones puras en todo este asunto y en actividades. No buscarme a mí mismo sino a la gloria de Dios y la salvación de los prójimos. (…) Si se creara la congregación más bien dejar dirigir a los otros que dirigir por mi cuenta, estar preparado para las mayores dificultades y el abandono, decepciones, ingratitud y persecución (…) Cuando al cabo de un rato volví a la celda para darle todavía unas imágenes, la encontré en un arrobamiento de la oración, parecía una figura sobrenatural. Sentí un dolor enorme en el alma y amargura que iba a despedirme de esa criatura extraordinaria y que actualmente estoy tan abandonado por todo el mundo. Pero entendí que soy yo quien, sobre todo, tiene que confiar en la Misericordia Divina” (Diario del padre M. Sopocko).

El padre Miguel Sopocko obedeció las palabras transmitidas por la sor Faustina en su lecho
de muerte. Con paciencia esperaba una señal de la Voluntad de Dios.

En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. En esos tiempos crueles el p. Sopocko hacía todo
lo posible para contarle a la gente sobre la Misericordia Divina. En su casa tuvieron lugar las reuniones de la Asociación de la Inteligencia Católica y de la Sociedad Mariana de Académicas. En los encuentros destacaba una licenciada en filología clásica de la Universidad de Stefan Batory de Vilna, Jadwiga Osinska. Un día Osinska le confesó al p. Sopocko que pensaba dedicarse exclusivamente al servicio de Dios, pero no podía encontrar una congregación adecuada para ella. Pidió oración y ayuda, añadiendo que tenía unas amigas que tenían la misma idea.

En Julio de 1940 el p. Sopocko le propuso a Osinska pasar las vacaciones con las hermanas que
no llevan hábito, las Hermanas Angélicas en Pryciunie (Polonia), para que conociera las reglas
de la vida conventual más de cerca. Después de las vacaciones Jadwiga Osinska declaró que había decidido “sacrificarse al servicio del Misericordísimo Salvador y fundar una nueva congregación o una cosa parecida para adorar a Dios en su infinita misericordia”, y que deseaba hacer votos privados. Por la memoria y la fascinación de la sor Faustina, recibió un nuevo
nombre monástico Faustina – se hizo la primera faustina.

En noviembre de 1941, del grupo dirigido por el p. Sopocko, surgió otra candidata- Izabela Naborowska (sor Benigna). Luego, el 26 de enero de 1942, se unieron a ellas las siguientes miembros: Ludmila Roszko, Zofia Komorowska, Adela Alibekow y Jadwiga Malkiewiczowna.
Así se formó “el primer seis”. El padre Sopocko dio nombres conventuales a todas. Escribió
para ellas un reglamento general y fijó una conferencia semanal sobre la vida espiritual.
Las hermanas pensaban empezar la vida comunitaria después de la guerra.

El 3 de febrero de 1942 en el piso del p. Sopocko tuvo lugar el primer encuentro de las seis candidatas de la naciente congregación. Hubo varias reuniones similares. Por desgracia,
el 3 de marzo de 1943 los alemanes organizaron una emboscada y arrestaron a casi todos
los curas. El padre Miguel Sopocko, buscado por la gestapo por haber ayudado a los judíos, escapó de Vilna.
Logró llegar al convento de las ursulinas en Czarny Bor, a cuatro kilómetros de Vilna, donde
pasó dos años y medio, trabajando de carpintero. Permaneció en contacto con las seis hermanas escribiendo cartas. De cuando en cuando, le visitaba a cada una de ellas, más a menudo
a la hermana Faustina Osinska.

En aquel tiempo, las hermanas se reunían en la conferencia establecida con el padre prelado Zebrowski a quien el p. Sopocko había pedido asistencia espiritual a las hermanas.
El 11 de abril de 1942, a la víspera de la Fiesta de la Misericordia Divina, las seis candidatas hicieron  votos temporales. Las hermanas recibieron el nombre de las Siervas de Dios Misericordioso y, aunque seguían con sus familias, desde entonces su vida tenía carácter conventual. Para el p. Sopocko eso era la esperada señal de la Providencia.

“Os felicito, queridas Hermanas una gracia de la misericordia Divina más particular, que se reveló en Vuestra vocación,  Elegidas del Corazón de Jesús, pilares del futuro convento, confidentes de los Misterios Divinos, deseadas, por las que cada día, desde hace 5 años, rezaba en cada Santa Misa” (un fragmento de una carta de Czarny Bor).

En este Convento las seis candidatas profesaron votos  temporales.
Vilna - Karmel (Lituania), ul. Poplawska 29.

El padre Sopocko volvió a Vilna el 19 de agosto de 1944. En noviembre Faustina Osinska
junto con sus compañeras, le pidieron que recibiera sus votos. Por eso el 9 de noviembre
de 1944 empezó con el primer seis los retiros espirituales que fueron una directa preparación
para la ceremonia de la renovación de los votos planeada para el 16 de noviembre.

“Después de los retiros, el día señalado, a la madrugada, en oscuridad, ya que todavía obligaba el toque de queda, de diferentes partes de la cuidad a los suburbios Zarzecze, a la capilla de las carmelitas, vienen las 6 señoritas. Allí, en un ambiente de catacumbas, tras oír la Santa Misa, a las cinco de la mañana, hacen sus sencillos votos privados del servicio fiel al Misericordísimo Salvador y a su Madre de Misericordia. No hay palabras para expresar ese ambiente de felicidad que se notaba entre esas desposadas de Cristo. Durante la modesta comida preparada en la puerta conventual por las hospitalarias carmelitanas. Qué felices estuvieron a pesar de muchas carencias, que ricas, a pesar de la miseria que se dejaba ver en todas partes, que valientes y llenas de confianza, a pesar de tantos peligros acechando a cada paso” (padre M. Sopocko, Memorias).

Después de la guerra en 1945 Lituania fue incorporada a la Unión Soviética. Tuvieron lugar
los desplazamientos masivos de los polacos de Vilna y sus alrededores a Polonia. Al arzobispo Jalbrzykowski con toda la curia y el seminario sacerdotal, los obligaron a abandonar Vilna.
En aquel tiempo tres hermanas también se fueron a Polonia. En vista de su partida,
el 16 de noviembre sólo el resto de las hermanas renovaron los votos. Las hermanas Faustina
y Benigna anhelaban los hábitos, el convento, deseaban encontrar siquiera un modestísimo
lugar donde pudieran adorar a Dios Misericordioso viviendo juntas. En el Vilna de aquella
época no había esperanza para eso. Para realizar sus sueños decidieron marcharse a Polonia.
El 24 de agosto de 1946 visitaron al p. Sopocko por última vez.

“Nuestro transporte dejó Vilna silenciosamente. Un capítulo de nuestra vida cerrado,
nos marchamos para empezar una vida nueva, para cumplir la voluntad de Ese, quién nos había escogido...” (Diario de la sor Benigna.)
Después de la llegada a Polonia, el 16 de noviembre de 1946 otra vez las seis hermanas
se reunieron en Poznan para renovar los votos. Un jesuita, el p. Siwek, dijo la Santa Misa.
Fue entonces cuando las hermanas decidieron realizar la idea de la Misericordia Divina
en la vida. Unas decidieron fundar una nueva congregación, otras - un Instituto laico,
otras que se sentían responsables por sus familias, se quedaron fuera de la Congregación.
Así iniciaron realizar los “tres matices” de la vocación, de los que había hablado
Santa sor Faustina.

Las hermanas Faustina Osinska y Benigna Naborowska

Las hermanas Faustina Osinska y Benigna Naborowska decidieron fundar una congregación
de ahí que se dirigieron a uno de los obispos por el permiso para abrir una casa conventual
en su diócesis. Les ayudó un jesuita, p. Wladyslaw Wantuchowski, en el que, después de venir
a Polonia, encontraron su protector espiritual. Wantuchowski se dirigió al administrador apostólico en Gorzow Wielkopolski (Polonia), al p. Edmund Nowicki por el permiso para establecer
las hermanas en la diócesis y asignarles una tarea. El padre administrador se mostró favorable
a la petición y les asignó la parroquia en Mysliborz.

“Qué situación tan preciosa tiene Mysliborz (...). De la parte izquierda se arrellana un lago enorme, resplandeciendo con una metálica superficie en la niebla del amanecer.(...) Qué alegría al ver la portezuela de la pequeña iglesia todavía cerrada, con el letrero “Caritas”- una casa con veranda, de varios pisos. Lo miramos: un sitio soñado para un convento, suspiramos silenciosamente que estaría tan bien si pudiésemos vivir aquí, (...) mucho verde, jardines, un silencioso, tranquilo rincón en la tierra, con un convento. Dimos gracias a Dios que nos había dirigido aquí, a este silencio y paz...” (Diario de la sor Faustina Osinska).



“El 25 de agosto de 147 a las 8:00 de la mañana ya estamos en Myslibórz. La fecha del nacimiento de la difunta sor Faustina, Jesucristo eligió para nuestro nacimiento para la vida en congregación. (…) Así que estamos en Myslibórz, en la pequeña casa de San José – la cuna de nuestra vida en congregación. Llegamos hasta aquí gracias a unas extrañas coincidencias, y, a decir verdad, gracias a la voluntad del Señor, el día del nacimiento de la sor Faustina. No sabemos expresar nuestra felicidad, y aunque todo está organizado provisionalmente, alegría nos desborda. Al principio ocupamos sólo dos habitaciones en la parte de arriba, pero después nos trasladamos abajo, para organizarlo todo, según posibilidades, para ajustarlo a la vida conventual. (…) Aquí, en esta casa pequeñita, el Rey Misericordioso está en Su casa. Aquí todo es para Él. ¡Seas alabado Jesús Misericordioso!” (el Diario de la sor Benigna Naborowska).

Fragmentos de la carta del padre Sopocko del 12 de noviembre de 1947,
dirigida a la congregación de las hermanas de Myslibórz:

“Jesús, en Ti confío!
Estimadas Señoras y Reverendas Hermanas,
Hace tres años Uds. hicieron sus votos en la capilla de carmelitanas de Vilna, vista por la difunta sor Faustina en su espíritu y descrita por ella con detalles. La ceremonia de los votos parecía vida en las catacumbas: cruzar las calles a escondidas, en oscuridad, con el peligro de ser detenidas, con cierta incertidumbre hasta durante la Misa, temiendo, que alguien no deseado lo viera, denunciara o traicionara.”

“Quisiera que cada una de Vosotras llegara a ser santa, no según un modelo único, sino cada individualmente según vuestras virtudes innatas y disposiciones positivas adquiridas, y a las gracias de Dios, que el Salvador Misericordioso ofrece generosamente a todas de acuerdo con las necesidades del alma. Por eso rezo en cada Santa Misa, y rezo por cada de vosotras por separado, por las que conozco y por las que, a lo mejor, todavía no he conocido, y por todas juntas, como por las Amadas del Salvador Misericordioso, confidentas del Misterio de Su Misericordia y trabajadoras de su viña….”

“Sois los primeros ladrillos en los fundamentos del edificio que ha de ser levantado por la Voluntad de Dios, para satisfacer las necesidades actuales de la Iglesia de hoy y de mañana. Y como en cada construcción, de la calidad de sus fundamentos depende la resistencia del edificio, así como aquí, de Vuestra madurez espiritual y unión con el Salvador Misericordioso, de Vuestro sacrificio y negación a vuestras mismas, de Vuestra sensatez y sencillez, y, sobre todo, de Vuestra confianza a la Misericordia Divina y empreño en la difusión de su culto, depende el desarrollo de la futura Congregación de las Servidoras del Salvador Misericordioso.”

 

 

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